APS. Noticias, Quito, Ecuador.- Hace un año, Jorge Glas era poderoso. Mientras despachaba como vicepresidente de la República, el 2 de enero de 2017 alistaba todas sus baterías para el inicio de una campaña electoral que arrancaba al día siguiente y que le abría la posibilidad de la reelección, con una diferencia que, en ese entonces, aparecía aún difusa o nula: su compañero de fórmula era Lenín Moreno y no su jefe y amigo boy scout, Rafael Correa.

Ante la coyuntura y el triunfalismo electoral, su posible participación en una red de corrupción alrededor de los contratos adjudicados a la constructora brasileña Odebrecht, la cercanía de su tío Ricardo Rivera o las diferencias que mantenía con Moreno no tomaron mucha relevancia política.

Doce meses después de aquel optimismo previo al inicio de la campaña, el vicepresidente del Ecuador recibe el 2018 en la Cárcel Nº 4, sentenciado a seis años de reclusión, sin funciones y, en medio de una serie de interpretaciones jurídicas, acusado de abandonar su cargo.

Pero en un anuncio hizo público que es inocente porque la ley no es retroactiva y por ende no tiene culpa de nada este nuevo año.




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