¡Este si que es un pobre pendejo!
Ya veo que en algunos meses le recibirá un mensajito “amor,, adivina que, vamos a ser padres”, y luego le sale un hijo morenito. Él reconoce al niño por amor a ella, luego ella lo engaña otra vez y se divorcian. El pendejo deberá vender su Sonata para pagar las pensiones alimenticias del pequeño Memín durante 18 años.

¡He perdido la esperanza en ustedes estimados lectores!




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